Bienvenid@ a mi mundo !

Alguna vez os ha pasado que vuestro cuerpo va por libre y actuáis de distinta manera a como actuaríais en situaciones normales de presión y temperatura?
Alguna vez pensáis: - ¿Pero por qué hice esto? ¿Por qué no dije tal cosa o tal otra si es realmente lo que pienso?
Pues ese ha sido mi día de hoy.








Hace tiempo que dejé de arrepentirme de absolutamente nada de lo que hago, no vale la pena. Lo bueno es reflexionar, caer en la cuenta de que no estamos actuando según nuestros principios y sacar lección, moraleja, para que no vuelva a repetirse.








Dirigirle la palabra y saludar a una persona que sabes que te saluda y sonríe cuándo le conviene y le apetece, que te usa a su conveniencia y cuándo le viene bien.... Es tontería. O sea, propio de tontos. Por lo cual me pregunto por qué lo hice hoy, por qué al ver a esa persona no actué como si viese un árbol, una piedra, una farola o un semáforo y  no elegí mejor a quién regalo mis sonrisas y mis buenos días.
Moraleja: " No seas tonta Azucarillo, sigue tu camino y saluda y regala tus minutos a quién te saluda con corazón, no a quién lo hace por propio interés cuándo los astros se alinean y parece que te hace un favor con regalarte sus buenos días que para nada necesitas". 







Entre lágrimas y sollozos la chiquilla de poco más de quince años decía que no podía correr más deprisa. - No puedo, me pesan las piernas, no puedo. Decía.
Y él, más tieso que un  junco y taxativo, como si en ello le fuese la vida, contestó: - Eso no es cierto!
Yo lo escuché y disminuí el ritmo de mi paso. No pude evitar fijarme en la escena del entrenador hablando de esa forma a esa pobre niña que decía estar cansada.
Pero seguí mi camino pensando que no debía meterme en asuntos en los que nadie me había llamado.
Error. 







Hubiese preferido recriminar su actitud y escuchar la seguramente mala contestación de ese insolente caballero, que no sabe ponerse en el lugar de una niña adolescente, ni sabe seguramente que las hormonas de una mujer provocan cansancio extremo en cuestión de horas. Seguro que no ha sentido lo que es el dolor de riñones, cabeza y articulaciones propio de " cuestiones femeninas" y si lo ha sentido... Le importa bien poco.
No me gustan las personas que hacen del deporte, del entrenamiento, de algo lúdico y supuestamente beneficioso y divertido, algo que genera lágrimas, algo doloroso.








Puedo comprender que para conseguir resultados, hay que sacrificarse, puesto que hace años que yo entreno y sé de sobra que sin esfuerzo no hay premio.
Pero cosa muy distinta es que no esté permitido tener un día malo.
De qué pasta están hechos los padres que consienten este cansancio extremo, estos entrenamientos sin límite, hasta sábados y domingos y alimentan esta estúpida competitividad entre sus hijos?
Son esos mismos que vemos pelearse en los campos de fútbol en partidos de alevines, insultar al árbitro y machacar a niños del equipo contrario con palabras malsonantes e improperios.
Lo he vivido en le golf, lo he vivido en el tenis y me consta en el fútbol.







Moraleja: " Cuándo veas una situación de este tipo y a un entrenador recriminando de esa forma tan desproporcionada a una niña.... Expresa lo que sientes, dile lo que piensas, sin temer el resultado de tal recriminación".
Me importa bien poco lo que ese señor, que hace del deporte extremo para niños y adolescentes su vida, piense de mí.
Sólo espero y me consuela pensar, que esa niñita hable con sus padres, encuentre comprensión y se dedique a ejercitarse en otra disciplina que no le genere ni una, digo bien, ni una sola lágrima.
Ya la vida le regalará su ración de tristezas, pero por no correr tan rápido como un imbécil dice que hay que correr... No por favor!!!





La vida del ser humano está llena de tópicos. Algunos son ciertos y otros... No tanto. Pero señoras y caballeros, muchos tienen una base más que real y es divertido fijarse y ponerlos a prueba, al menos para mí.
Mucho se ha dicho y escrito del asombroso parecido de los perritos y sus dueños. 






Está más que comprobado que los perros tienen capacidad de imitar a sus dueños, sus comportamientos, sus actitudes, su modo de caminar, relajados o nerviosos, hasta en la forma de dormir acabamos pareciéndonos, y los que tenemos perrito lo sabemos bien.






Inconscientemente, tendemos a elegir al perrito cuyos rasgos faciales tienen más similitud con los nuestros. Repito, inconscientemente.
Del mismo modo, elegimos a nuestra pareja.
Características físicas, modo de moverse, afinidad... Tratamos de encontrar genes compatibles.
Y esto, por supuesto, lo hacemos inconscientemente, nos atrae lo que sentimos como compatible, afín a nosotros.






Tendemos a juntarnos con personas parecidas a nosotros. Nuestro instinto nos lleva, según los expertos, a elegir pareja que se parezca a nuestro patrón genético con la única finalidad de perpetuarnos. Qué básicos somos al fin y al cabo!!! 






Nos gusta y atrae lo similar y parecido a lo que nosotros tenemos.
Lo divertido de esta cuestión científicamente demostrada, del parecido que acabamos teniendo con nuestra pareja, es la metamorfosis que experimentan los cincuentones y cincuentonas que cambian de pareja y su cambio lleva aparejado  un cambio en la forma de vestir, de peinarse y casi de complexión. 






Una persona que pasa de ser todo glamour y cuidar su aspecto, a un look zarrapastroso chic entrecomillado.
De vestir americana y camisa impecable a ponerse camiseta de dormir a ser posible negra con botas aptas para rebozarse en barro. Cuestión de similitud y mimetismo con nueva pareja, zarrapastrosa chic.






Una pareja que comparte vida, lo lógico es que comparta dieta y si engorda uno y en vez de piernas tiene jamones, el otro... Jamones también. 
Si lleva una vida saludable y healthy... Lo lógico, es que su pareja termine subiéndose al carro de la ensalada y el batido de espinacas con zanahorias, aún a regañadientes.






Qué básicos somos los seres humanos. Muy primarios. Fijáos y lo comprobaréis!!!
Somos pura química, muy previsibles.
Divertido profundizar y averiguar el por qué de las cosas. Insisto.... A nada que investiguemos llegaremos a la conclusión de que todos buscamos lo mismo y somos... Muy básicos.
Nos mueve el instinto de supervivencia, el tratar de perpetuar la especie. Lo dicho, básicos, primarios, sencillos, en definitiva humanos!!!


Me importa cada vez que inspiras, que expiras, cada uno de tus pestañeos o pasos a izquierda o derecha.
Si ríes, si lloras, si toses, si duermes, si sueñas, si estás inquieta.


Quisiera ser el libro abierto que contenga las soluciones a cada uno de tus problemas y hacer de este viaje una suave y mullida cuna hecha de nubes y terciopelo siempre suave para tí.






No soporto que nada te duela o dañe y quiero ser el castillo dónde siempre puedas volver, el abrigo, el abrazo cálido que siempre te espera pase lo que pase.
Quisiera ser perfecta para resolver siempre los crucigramas de tu vida, que son los míos.







Cuándo llegaste pensaba que eras un milagro. Tan pequeña, tan redondita, tan perfecta, como una muñeca que me miraba y sonreía.
Sentada en tu sillita comiendo galletas María mientras yo estudiaba Derecho Civil y Romano...
Eras tranquila y buena. Parecía que ya sabías que te había tocado una madre joven, sin experiencia, que tenía que aprender a ser madre al mismo tiempo que estudiaba y crecía ella misma.
Por eso comías con buen apetito todo lo que yo cocinaba para tí, jugabas tranquila y dormías de un tirón.






Echo la vista atrás y creo que no hubiese sabido hacerlo de otra manera. Los niños no vienen con libro de instrucciones y a caminar se aprende caminando.
Aprendí a hacer fiestas de pijamas, a llevar en mi coche a cinco ruidosas chiquillas disfrazadas de princesas, a hacer patatas fritas y tarta de chocolate y galletas, tu favorita, para tí y para tus amiguitas.
Me acostumbré sin pestañear a que me mirasen por la calle  cada vez que te ponían una vacuna y tus gritos se oían a dos km. de distancia.








Las decisiones que tomé y los caminos que emprendí o dejé atrás, siempre fueron pensando en que mi prioridad era construir una familia y que cada uno de nosotros fuese feliz en ella.
Con baches, con curvas y con rectas, creo haberlo conseguido, porque el mejor regalo que a una persona puede hacerse es... El abrigo, el cobijo y afecto. El amor incondicional que la familia le proporciona.








El mejor regalo para un niño es un hermano. Aquel que le acompañará el resto de su vida. Al que puede contar sus cosas, no como un amigo, sino como a su otro yo. 
El hermano le da lo que tiene y no lo que le sobra. El hermano llora cuándo uno llora y te acompaña en todos los momentos y sentimientos a lo largo de una vida.
A él puedes acudir sin temer que se aproveche o te utilice. A él vas cuándo estás perdido buscando el camino de regreso.
Hermano es el que acoge, asiste, ayuda, el que celebra tus triunfos de verdad y no de puertas afuera.
Un hermano no conoce la envidia, deporte nacional de España y camina al paso que tú caminas.







Así que tú, querida Flavia, eres afortunada. Y yo, lo soy por partida doble.
Tienes dos hermanas que no hace falta describir con palabras porque los que las conocen saben las virtudes que las adornan.
El tesoro de tener ese regalo de por vida es de valor incalculable.
No hay medida para valorar la suerte de contar con dos personas que pase lo que pase van a darlo todo por tí y los tuyos.
Ha quedado demostrado en momentos duros de la vida. Siendo niñas y bien pequeñas aquí todo el mundo ha dado y sigue dando la talla cuándo la ocasión lo requiere y arrimando el hombro.





Hoy que es tu cumpleaños y me he sentado frente a esta pantalla a reflexionar y echar la vista atrás... 
Creo que no ha sido fácil para mí en muchos momentos, más mi conclusión es que debería celebrar con un buen homenaje, un brindis y una fiesta, que soy madre de tres lindas personas que van a caminar de la mano toda la vida, aunque haya distancia en avión entre vosotras.
Pendientes de que todo marche como debe, de que la risa y el buen humor siga presidiendo vuestras vidas y nada le falte a ninguna de las tres.
La mejor obra de una madre, el orgullo de saber que uno puede marcharse tranquilo cuándo le toque. Ahí está quién siga sus pasos y riegue la planta que uno plantó.

Me gustan mucho las medias de colores. Rojas, amarillas, azul klein, granate, fucsia... Y este año estoy de enhorabuena porque las encuentro sin dificultad alguna.






Cuándo me las pongo me siento como Pipi Calzaslargas y eso me encanta. 
Siempre he sido un poco Pipi, esa chica pecosa y fuerte, la más fuerte del mundo, la chica de las medias de colores, la que va a su aire y a la que no le importa lo que hagan los demás.
Pipi va "a su bola", es soñadora, alegre, extrovertida y se pone el mundo por montera fregando el suelo con sus patines de cepillo y caminando por el techo bajo la atenta mirada de su mono Sr. Nilson y su caballo de lunares Pequeño Tío.







Admiro la libertad de Pipi, su fuerza, su independencia y su capacidad para superar las adversidades.
Ya, ya sé que es un personaje de ficción y no podemos caminar por el techo, alimentarnos de chocolate y chucherías e ir montados en un caballo de lunares por un camino de barro cantando a pleno pulmón. No podemos tener un padre pirata que nos trae una bolsa llena de monedas de oro y luego desaparece en su barco para surcar los mares del Sur.







Pero sí podemos ponernos medias de colores vivos y sentirnos libres, fuertes e independientes como Pipi y recordar sus mensajes positivos, esos con los que crecí, pegada mi nariz a la tele sin perderme ni un sólo capítulo de aquella niña aventurera de las medias de colores que cocinaba para sus amigos siempre con una sonrisa pintada. Viva Pipi y vivan las medias de colorines y las botas negras llenas de barro!!!
Esta Murcia mía me tiene robado el corazón!!! A ella llegué terminando mi adolescencia y recuerdo que no fue fácil adaptarme al calor tan intenso y al modo de expresarse de la gente, tan distinto al del norte.
Los "chupetes" ya no eran "chupetes", sino"chupetas" y lo que se desataba no eran "cordones", sino las "cordoneras".







Los "mandilones" eran "babys" y las abuelas "yayas" y estas "yayas" no "cogían en el colo" a sus nietos, sino que los "tomaban".
Las fotos no se sacaban,
 sino que se "echaban" y cuándo estabas mareado tenías "angustia".
Cuándo querían un poquito de algo pedían una "miajica" y  aquella tienda estaba en el "picoesquina".
Las medias de rodilla eran "calcetas" y las judías "bajocas".








Me echaba las manos a la cabeza cuándo oía a una señora decir que su hija "era muy asquerosa" para comer. ¿Cómo podía una madre insultar de ese modo a su niña??
Lo que realmente estaba diciendo era que su niña era muy aprensiva y meticulosa, delicada para comer.... ( Me faltaba traductor )










Hoy echo la vista atrás y estos detalles me sacan una sonrisa de oreja a oreja. Sigo pensando que "la vaca es de dónde pace, no de dónde nace" y no me gusta nada la gente que se cree mejor que los demás, que como su tierra ninguna, irrepetible, incomparable, etc....










Señores y señoras, la felicidad está en cualquier rinconcito del mundo y aunque indudablemente estamos marcados por los sabores, colores, aromas... De nuestra infancia.... No hay uno mejor que otro, el que así lo piense se equivoca grandemente!!! Allá cada cual. Viva Murcia!!!

No me gustan nada las despedidas. Ni del cepillo de dientes. Me pongo tonta, blandengue, trascendental, churripinosa.... Un desastre.





Y mira que a lo largo de mi dilatada vida he tenido que despedirme muchas veces y... Sigo sin acostumbrarme.
Como siempre hay varias maneras de ver las cosas, trato de darle vueltas y vueltas al asunto, persona o cuestión, para que el resultado me lleve a no tener que despedirme.
Esto quizás sea un trastorno, lo he pensado muchas veces. Quizás debiese hacérmelo mirar.






La cuestión es que hay veces que no queda más remedio y la realidad es la que es. Toca despedirse de lo que nos hace daño, o no nos agrada, o nos incomoda o... Simplemente no nos hace felices.
Hace un tiempo que veo cosas que no me gustan y sé que toca despedirse pero... Ya está mi corazón churripinoso otra vez con el bueno no es para tanto, bueno, tú lo ves así pero hay más formas de mirarlo, y dale que te pego!!!
El día que me levanto guerrera digo: - Esto no puede ser, yo no participo con este modo de hacer las cosas. Se acabó.





Y al día siguiente lo dulcifico y le quito importancia....
¿Qué hacéis vosotros para despediros? ¿Vuestra actuación es meditada y una vez decididos ya no hay vuelta atrás? ¿Os cuesta despediros o lo tomáis como una parte más de la selección natural que la vida implica? ¿Y os sentís culpables si los que os despedís sois vosotros? 






Sigo pensando que las despedidas son feas, aunque necesarias. Qué le vamos a hacer???

Hace apenas una semana que una de mis hijas tiene el permiso de conducir. Un paso más en su proceso de aprendizaje, crecimiento e independencia. 





Aunque hay personas que digan no necesitarlo, hoy en día, es tanto como decir que en el mundo de hoy puedes estar sin saber hablar inglés, sin ordenador, tablet o sin móvil. En medio de la selva, con un taparrabos y una lanza para matar leones podemos vivir, pero hablamos de la formación integral de una persona que pretende vivir y desarrollar su actividad profesional en una ciudad y cuánto más grande mejor. No todo va a ser metro, autobús o depender de alguien que te haga de taxista toda tu vida.




Mi hija me comentaba que varias de sus compañeras tienen carnet y sus padres no les dejan coger el coche por miedo. Lo comprendo!!
¿Cómo no voy a comprenderlo? Un hijo es lo más preciado que una madre o padre tiene, por supuesto y tendemos a protegerlo hasta de la más leve brisa que pueda resfriarlo. Pero señores y señoras.... Parte importante de nuestro trabajo como padres está en procurar infundir a nuestros hijos la confianza necesaria para que vuelen, para que despeguen y se sientan seguros y apoyados.





No doy crédito al enterarme de que personas cultas y formadas como es éste el caso, no dejan que sus hijas conduzcan por miedo a que les pase algo.
El coche es un arma, ya lo sabemos, y nunca estamos libres de sufrir algún percance, ni siendo conductores noveles ni con años de experiencia al volante. Por favor, cómo puede ser que eduquemos a nuestros hijos con la filosofía de la gallina que esconde a sus pollitos bajo el ala?





Conozco a un par de maridos ( me callaré los nombres), que no dejan el coche a sus mujeres conductoras poco experimentadas por miedo a que les rayen sus preciados tesoros de cuatro ruedas y cada vez que me entero tengo que contenerme para no decir lo que pienso de aquel que valora más su estúpido coche que infundir seguridad y apoyo a su compañera de viaje ( pero ese amor por los coches de algunos hombres es otro tema...) 





Dicho esto, y reconociendo que yo también tengo el lógico miedo a que algo pueda pasarle a mi niña... Me comportaré como mandan los cánones. Animaré a la chiquilla a que coja el coche y practique, me encomendaré a todos los santos antes de ir de copiloto y pondré la mejor de mis sonrisas. Desde siempre he intentado educar a mis hijas para que sean buenas personas, seguras de sí mismas y dejar que vuelen sin que se vean cercenadas por los miedos de su madre.