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Onofre. Un personaje.

By 21:56 , ,

Personajes o personajillos. La realidad siempre supera a la ficción. Todos conocemos a alguno de estos seres especiales que podemos encuadrar dentro de la categoría "personaje" ... 
Se podría hacer un libro con cientos de pequeñas historias de toda índole, absolutamente reales y que responden a guiones de película. Lo creo firmemente, la realidad siempre siempre supera a la ficción.
Hay pequeñas historias de personajes que rodean mi vida cotidiana que me resultan absolutamente fascinantes. Por atrevidos, o por osados, por mediocres, o por bandidos, por hacer de su capa un sayo, o por valientes, o por sinvergüenzas, por inmaduros hasta extremos insospechados, o por brillantes.... 





Al fin y al cabo, todos somos personajes, al menos en algún momento de nuestras vidas... A que sí??? Yo, la primera, y no soy nadie para juzgar. Pero sí me tomo la licencia, sin ofender a nadie, de contar historias que conozco de buena mano y en algún momento me han sacado una sonrisa, una exclamación o han ocupado parte de mi tiempo.




Onofre es todo un personaje.
Su principal ocupación es trabajar como camarero en un pequeño bar de comida casera en una ciudad de provincias.
Complexión gruesa, callado, nunca esboza ni un atisbo de sonrisa, con poco o ningún don de gentes, lo cual le hace totalmente inadecuado para la profesión que desempeña.
Fumador empedernido y gran observador, jamás ofrece a sus clientes nada que no sea su ceño fruncido y su oronda presencia que pretende pasar desapercibida sin conseguirlo.
Cuesta entender que una persona con lamparones en su camisa de lunes a viernes  y ese hermetismo casi antisocial, siga manteniendo su puesto de trabajo año tras año, verano tras verano, primavera tras primavera...




En ocasiones, lo que vemos a simple vista de las personas, nos da una imagen que no corresponde a la realidad.
Y Onofre, es un claro ejemplo de esta regla.
Soltero y a cargo de sus padres ancianos, nuestro "personaje"es una persona con mucha vida interior. 
Amante del teatro y la ópera, de la novela negra. Coleccionista de micrófonos y altavoces de toda época y colorido.
Lo imagino en su casa escuchando "La Traviata" a todo trapo sosteniendo entre sus manos alguno de los micrófonos que colecciona e imaginándose sobre un escenario ante cientos de personas.... Cuándo su realidad es la de un camarero incapaz de recitar de memoria el menú del día ante sus clientes... No porque no sepa, sino por su timidez casi enfemiza que hace que se ponga colorado cada vez que debe saludar.




Onofre es un gran observador. Conoce al dedillo a todos y cada uno de los que a diario pasamos por delante del local dónde trabaja. Sabe quién es Carmen, Mariano, Susana, Mariluz, Rafa, Javi o Manolo. 
Sabe a qué nos dedicamos, a qué hora salimos a comprar, cuántos hijos tenemos, si vamos en moto o andando y, por supuesto, la marca de cerveza que cada uno preferimos y lo que nos gusta comer.
Apoyado en el quicio de la puerta, con su cirrarro entre los dedos y, sin que se note mucho, se fija en todos y cada uno de los que poblamos su "universo" sin perder detalle. Estoy segura de que puede hacer un croquis sobre papel de horario y vida de cada uno de nosotros, con quién entramos y con quién salimos...
Onofre, todo un personaje!!!




Alguna mañana lo he visto llegar a su trabajo, siempre puntual, eso sí. Se cambia de acera para no tener que saludar. Procurando no cruzarse con nadie conocido, camina despacio con su cigarro entre las manos siempre mirando a ningún sitio.
Da igual que llueva o haga sol, que sea Navidad o que el Real Madrid gane la liga... Onofre no cambia su expresión ni de día ni de noche, ni con la terraza abarrotada de gente deseosa de aperitivo y tapa, ni en los momentos más tranquilos... Su expresión nunca se altera, no muestra signos de alegría o tristeza.




Pero qué se esconde detrás de Onofre? ¿Es tan frío y antisocial como parece?...
Temo que no.
Hubo un día en que Onofre era el "rey" de las pistas de baile. 
En sus años mozos era el primero en apuntarse al Karaoke y el último en recogerse en las noches de fiesta y alcohol.
Adicto a las camisas de vivos colores, flores y palmeras, engominaba cuidadosamente sus rizos rubios peinados hacia atrás y esbozaba una atractiva sonrisa de medio lado completando su "uniforme de fiesta" con gafas Raiban modelo aviador.




Años de prosperidad en los que trabajaba vendiendo lavadoras, secadoras y frigoríficos a comisión y disponía del dinero suficiente para cultivar sus mayores aficciones al salir del trabajo, el teatro y la ópera.
Dinero en la billetera para invitar a sus amigos a rondas de "cubalibres" y "Marlboros" hasta altas horas de la madrugada. No había sarao en el que Onofre y sus amigos para la juerga y alcohol no estuviesen presentes. 




Pero todo tiene un principio y también un final. Por mucho que calculemos y planeemos nuestra vida y futuro, ya se encarga el destino o el azar de tirar por tierra nuestros planes...
Onofre no contaba con el "factor azar".
Una tarde de Mayo, a punto de cerrar, Ascensión apareció en la vida y universo de Onofre, cambiándolo todo para siempre. 
Fue un flechazo. El tipo duro y juerguista a la vez amante de ópera y el teatro, quedó prendado de la delicada y frágil presencia de Ascensión.




Rubia, de ojos grandes y verdes, aspecto frágil y paliducho, manos y piernas largas, sonrisa cautivadora, culta, amante de la lectura, arte y la literatura...
Ascensión y Onofre conectaron.
Esa conexión invisible pero real y difícil de explicar, que no responde a reglas lógicas ni predeterminadas y cambia el destino de dos personas para siempre ... En un minuto.
El resultado de este encuentro producto del azar fue que Onofre, al cabo de unos meses, cambió de ciudad tras los pasos de Ascensión.





La historia de Onofre y Ascensión pasó a ser una más. A engrosar la lista de amores no correspondidos, de decepciones, de fracasos, de cuentos de amor fallidos.
Onofre lo abandonó todo, dejó su mundo por amor, su trabajo, su familia, su círculo de amigos y su vida y se embarcó en un puerto sin destino final escrito. 
Saltó al vacío sin red y... salió mal.
Ascensión dejó plantado a Onofre y aquel hombretón de aspecto duro, con originales aficciones para alguien con su formación, se encontró perdido en medio de un desierto, humillado, decepcionado, no encajó bien su derrota...






Nunca consiguió remontar su antigua vida de vendedor de lavadoras y neveras. Olvidó a sus amigos compañeros de juergas nocturnas, aquellos con los que llegó a fingir un infarto para burlar un control policial, los que lo buscaban porque no había fiesta si Onofre no ponía su nota de color...
Se convirtió en una sombra, en el vivo retrato del hombre humillado por el abandono, que no consigue asimilar que unas veces se pierde y otras se gana.
Que la vida son montañas y no sólo valles...
Onofre vive entregado al cuidado de sus padres ancianos, al coleccionismo y a sus antiguas aficciones. Ha roto con el mundo y los humanos. No confía en nada ni en nadie ni regala su sonrisa porque no puede regalar algo que no tiene.






Hace muchos años Ascensión se la llevó cuándo lo dejó para irse con otra. Orgullo herido, abatimiento, decepción, incredulidad.
En cierto modo Onofre se defendió del mundo como pudo. No quiso ser el hazmerreir de nadie y se colocó una coraza impenetrable que nada ni nadie logró derribar con el paso del tiempo.
Cerró una puerta que nadié abrirá jamás, estoy segura.
Sólo él sabe los sentimientos y sensaciones que viven en su interior. Sólo él sabe sus por qués.
Onofre. Un personaje!!!

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